¿Conocemos nuestra propia mente?

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¿Sabe nuestro cerebro lo que queremos?

Conocer nuestra mente es una de las tareas más difíciles y a la vez fascinantes que existen.

De manera imperceptible aprendemos de miles de datos que se encuentran a nuestro alrededor sin apenas tener conciencia de muchos de ellos y nos vamos creandonos opiniones acerca del mundo. Tomamos decisiones, elegimos y justificamos nuestros actos y nuestras decisiones convencidos de que sabemos lo que queremos y lo que hacemos. En el post ¿ Nos engaña nuestro cerebro? vimos como éste tiene incluso la capacidad de suplir información que le falta aunque no sea cierta.

En la entrevista de hoy, Peter Johansson, filósofo y neurocientífico nos revela algunos datos sobre sus estudios acerca de la mente humana y la necesidad de ésta de justificarse constantemente.

¿De verdad nos conocemos tanto como creemos?  Aquí tienes la entrevista completa. ¿Tú qué opinas?

Principios morales

Las investigaciones que Johansson y Hall han expuesto en las tertulias de ciencia del Palau de la Virreina (organizadas por el Institut de Cultura de Barcelona) y que publicó la revista Science tienen mucho que ver con aquella frase del genial Groucho Marx: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”. Si nos dan a elegir entre las fotos de dos mujeres, dos mermeladas e incluso dos partidos políticos y a través de un truco nos cambian nuestra elección, no sólo no nos damos cuenta en un alto porcentaje, sino que justificamos esa elección que en un principio no era la nuestra. Un paradigma experimental peligroso según como se aplique y que evidencia el valor de la humildad.

Mire estas dos fotos…

Dos chicas guapas, rubia y morena.

¿Cuál le gusta más?

La morena.

Buena elección. Ahora pondré las fotos boca abajo. Tenga, esta es la que ha escogido, déle la vuelta y arguménteme por qué la ha escogido.

Tiene una cara muy simpática, limpia, sonriente; pero algo no me cuadra…

Sí, le he dado el cambiazo, la gran mayoría de las personas, el 80%, no se da cuenta y argumenta su decisión, que no es tal. Este experimento cuestiona todas nuestras decisiones y demuestra que acabamos confabulando para justificar una decisión a posteriori.

¡…!

Y somos tan precisos y minuciosos justificando la elección que nos han hecho creer que era nuestra como cuando justificamos una elección sin haber sido engañados. Pero me ha encantado su elección.

¿Por qué?

Es mi novia, y la otra es mi ex novia.

¿Sólo un 20% se da cuenta del cambiazo?

Cuando escoges entre un lado y otro, simplemente alargas el brazo y dices: “Es la de este lado” y te fías de esa acción, ya no mantienes una imagen de la foto de esa persona en tu cerebro para poder compararla de nuevo con la foto que recibes.

Curioso.

Cuando tú alargas el brazo y coges lo que querías coger no lo cuestionas, porque el mundo es estable y no necesitas tener una representación extra en el cerebro para evaluar si hay cambios ya que nunca sucede en el mundo real; para el cerebro sería un gasto de energía inútil.

Sorprendente.

Mi compañero Lars Hall y yo llevamos siete años haciendo experimentos sobre la ceguera en la elección. Además de la vista, lo hemos aplicado al sabor, el olfato, el tacto y también a las opiniones.

Póngame ejemplos.

Un experimento concreto sobre los principios morales. A la gente le damos la siguiente afirmación: “Una acción militar o policial siempre está mal si mueren inocentes”. La gente tenía que decir hasta qué punto estaba de acuerdo o en desacuerdo con esa afirmación en una escala del 1 al 7, desde el “muy de acuerdo” hasta el “en desacuerdo”.

¿Y les cambiaron la respuesta?

Si su respuesta fue “estoy de acuerdo con esa afirmación”, se la devolvíamos proporcionalmente a la inversa, es decir: “Estoy en desacuerdo”. Y les preguntamos por qué habían contestado de esa manera.

¿Y?

Ocurre el mismo fenómeno que con las fotos, la gente racionaliza y justifica su respuesta, cuando en realidad es la opuesta a la que ha dado.

¿Funciona con cosas concretas?

Hace dos años, cuando Israel estaba en plena ofensiva contra Gaza y murieron muchos palestinos, preguntamos: “¿Las acciones de Israel están justificadas incluso con el coste de vidas civiles?”. El resultado fue exactamente el mismo: la gente que no estaba inicialmente de acuerdo, acababa justificando el uso de la violencia. El porcentaje de gente que detectó el cambio era mayor que con las caras, pero seguía habiendo un 50% que no lo detectó.

Sus investigaciones aplicadas a venta de productos deben de ser impactantes.

En supermercados hacíamos probar a la gente un par de mermeladas; el cliente elegía una de las dos, la volvía a probar, convencido de que era la que había elegido, pero mediante un truco de doble fondo ya habíamos hecho el cambio.

¿Los sabores eran muy diferentes?

Radicalmente diferentes: una era de manzana con canela y la otra de pomelo, y el 50% de la gente no se dio cuenta del cambio.

¿Somos idiotas?

No, no, no…, pero tenemos la ilusión de que conocemos nuestra propia mente. Nadie te puede cuestionar lo que sabes sobre ti mismo, así que aprendemos a pensar y aceptar que cualquier cosa que decimos sobre nosotros mismos es cierta, y eso es una ilusión.

Gran lección de humildad…

Sí, personalmente con estos experimentos he aprendido a ser un poco más humilde cuando hablo de mí mismo y mis creencias, de manera que cuando mi novia, como todas las novias, me pregunta “¿por qué haces esto?”, contesto, sin sentirme tonto, “no lo sé”.

¿Nos dejamos engañar por nuestro afán de justificarnos?

Nuestro cerebro realiza el mismo proceso cuando justificamos una elección real que cuando justificamos una irreal.

Nuestras elecciones las justificamos a posteriori.

Efectivamente.

Entonces, ¿con qué elegimos?

Hay muchas teorías, pero mi respuesta es no lo sé. Lo alucinante es que cuando dices a la gente a la que ya has hecho el truco que vas a cambiarle las fotos a una persona, todos dicen que ellos se darían cuenta. Entonces es cuando yo les digo: “Es que ya te lo he hecho”. Esa es la evidencia de que la forma en que nos vemos a nosotros mismos no es realista, es una ilusión.

Ha realizado usted una investigación sobre la intención de voto en Suecia.

Sí, y en el campo de las decisiones políticas ocurre lo mismo que en el de las decisiones morales, pero no puedo darle detalles por el momento.

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Posted in contras La Vanguardia, January 11th, 2012 | Eva Palmer

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