La creatividad se aprende igual que se aprende a leer

la creatividad se aprende La creatividad se aprende igual que se aprende a leer

La creatividad se aprende

De todas las contras que he leído estos últimos 8 años, posiblemente esta es mi favorita.

Cabe también decir que, Sir Ken Robinson, ha sido el único entrevistado en los más de 10 años de contras que ha ocupado dos veces la contraportada.

Espero que la disfrutéis.

Mañana aprovecharé para colgar uno de sus videos.

 

 

 

La contra, 3 de noviembre de 2010

Un día visitando un cole vi a una niña de seis años concentradísima dibujando. Le pregunté: “¿Qué dibujas?”. Y me

contestó: “La cara de Dios”.

¡…!

“Nadie sabe cómo es”, observé. “Mejor –dijo ella sin dejar de dibujar–, ahora lo sabrán”.

Todo niño es un artista.

Porque todo niño cree ciegamente en su propio talento. La razón es que no tienen ningún miedo a equivocarse… Hasta

que el sistema les va enseñando poco a poco que el error existe y que deben avergonzarse de él.

Los niños también se equivocan.

Si compara el dibujo de esa niña con la Capilla Sixtina, desde luego que sí, pero si la deja dibujara Dios a sumanera, esa

niña seguirá intentándolo. El único error en un colegio es penalizar el riesgo creativo.

Los exámenes hacen exactamente eso.

No estoy en contra de los exámenes, pero sí de convertirlos en el centro del sistema educativo y a las notas en su única

finalidad. La niña que dibujaba nos dio una lección: si no estás preparado para equivocarte, nunca acertarás, sólo

copiarás. No serás original.

¿Se puede medir la inteligencia?

La pregunta no es cuánta inteligencia, sino qué clase de inteligencia tienes. La educación debería ayudarnos a todos a

encontrar la nuestra y no limitarse a encauzarnos hacia el mismo tipo de talento.

¿Cuál es ese tipo de talento?

Creatividad1 La creatividad se aprende igual que se aprende a leer

Desarrollar la creatividad

Nuestro sistema educativo fue concebido para satisfacer las necesidades de la

industrialización: talento sólo para ser mano de obra disciplinada con preparación técnica

jerarquizada en distintos grados y funcionarios para servir al Estado moderno.

La mano de obra aún es necesaria.

¡Pero la industrialización ya no existe! Estamos en otro modo de producción con otros

requerimientos, otras jerarquías. Ya no necesitamos millones de obreros y técnicos con

idénticas aptitudes, pero nuestro sistema los sigue formando. Así aumenta el paro.

Pero se nos repite: ¡innovación!

La piden los mismos que la penalizan en sus organizaciones, universidades y colegios. Hemos estigmatizado el riesgo y el

error y, en cambio, incentivamos la pasividad, el conformismo y la repetición.

No hay nada más pasivo que una clase.

¿Es usted profesor, verdad? Las clases son pasivas porque los incentivos para estar calladito y tomar apuntes que

repetirá son mayores que los de arriesgarse a participar y tal vez meter la pata. Así que, tras 20 años de educación en

cinco niveles que consisten en formarnos para unas fábricas y oficinas que ya no existen, nadie es innovador.

¿Cuáles son las consecuencias?

Que la mayoría de los ciudadanos malgastan su vida haciendo cosas que no les interesan realmente, pero que creen que

deben hacer para ser productivos y aceptados. Sólo una pequeña minoría es feliz con su trabajo, y suelen ser quienes

desafiaron la imposición de mediocridad del sistema.

Tipos con suerte…

Son quienes se negaron a asumir el gran error anticreativo: creer que sólo unos pocos superdotados tienen talento.

“Sé humilde: acepta que no te tocó”.

¡Falso! ¡Todos somos superdotados en algo! Se trata de descubrir en qué. Esa debería ser la principal función de la

educación.

Hoy, en cambio, está enfocada a clonar estudiantes.

Y debería hacer lo contrario: descubrir qué es único en cada uno de ellos.

¿La creatividad no viene en los genes?

Es puro método. Se aprende a ser creativo como se aprende a leer. Se puede aprender creatividad incluso después de que

el sistema nos la haya hecho desaprender.

Por ejemplo…

Soy de Liverpool y conozco el instituto donde recibieron clases de música mi amigo sir Paul McCartney y George

Harrison… ¡Dios mío! ¡Ese profesor de música tenía en su clase al 50 por ciento de los Beatles!

Y…

Nada. Absolutamente nada. McCartney me ha explicado que el tipo les ponía un disco de música clásica y se iba a fumar

al pasillo.

A pesar del colegio, fueron genios.

A Elvis Presley no lo admitieron en el club de canto de su cole porque “desafinaba”. A mí, en cambio, un poliomielítico,

me admitieron en el consejo del Royal Ballet…

Ahí, sir, acertaron de pleno.

Allí conocí a alguien que había sido un fracaso escolar de ocho años. Incapaz de estar sentada oyendo una explicación.

¿Una niña hiperactiva?

Aún no se había inventado eso, pero ya se habían inventado los psicólogos, así que la llevaron a uno.Yera bueno: habló

con ella a solas cinco minutos; le dejó la radio puesta y fue a buscar a lamadre a la sala de espera; juntos espiaron lo que

hacía la niña sola en el despacho y… ¡estaba bailando!

Pensando con los pies.

Es lo que le dijo el psicólogo a lamadre y así empezó una carrera que llevó a esa niña, Gillian Lynne, al Royal Ballet; a

fundar su compañía y a crear la coreografía de Cats o El fantasma de la ópera con Lloyd Webber. Si hubiera hecho caso a

sus notas, hoy sería una frustrada. Sería cualquier cosa, pero mediocre. La educación debe enfocarse a que encontremos

nuestroelemento: la zona donde convergen nuestras capacidades y deseos con la realidad. Cuando la alcanzas, la música

del universo resuena en ti, una sensación a la que todos estamos llamados.

 

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