El estrés

 

estres11 El estrésCompartía esta mañana el ascensor con otras dos personas y mientras bajábamos (justo antes de comenzar la  jornada laboral) la palabra estrés apareció, en tan breve trayecto, media docena de veces.

Me acordé entonces cómo mi abuela me decía de pequeña que esa palabra no existía en su época. Estrés y agobio, decía, era invento de los jóvenes. Su generación no había tenido que lidiar con esos males modernos…

Tal vez el vocablo en sí todavía no formaba parte de la lengua española, pero posíblemente sí los síntomas, y  más para una generación que tuvo que sufrir una guerra civil y pasar por muchas penurias.

La vida que llevamos hoy con un ritmo  entre frenético y acelerado, poco tiene que ver con la que llevaron nuestros padres y abuelos, y tal vez simplemente no conocían el término que hemos heredado del inglés “stress” y ellos, a su vez, adoptaron del latin STRINGERE, que significa PROVOCAR TENSIÓN.

¿Qué es eso de lo que sufrimos tanto y que parece tan común en nuestros tiempos?

El Dr.  Hans Selye, pionero en investigaciones sobre el estrés, lo define de la siguiente manera:  El estrés es una respuesta corporal no específica ante cualquier demanda que se le haga al organismo que excede los recursos de que éste dispone. Esta respuesta es una parte normal de la preparación del organismo para el enfrentamiento o para la huida ante un peligro detectado.

El estrés se inicia con una actitud mental que se apoya principalmente en la percepción. En otras palabras, si una situación es percibida como estresante, se responderá de acuerdo a ello. Lo que es estresante para una persona, puede no serlo para otra. Nuestro cuerpo nos prepara para el estrés, de manera consciente pero también de forma inconsciente.

El proceso es el siguiente: primeramente un pensamiento se registra en el cerebro el cual activa el sistema nervioso del organismo. Una serie de eventos complejos ocurren en un período de tiempo extremadamente corto. Pensamientos que causan tensión o miedo durante este período de tiempo, incrementan los intentos del cuerpo para prepararse para la lucha o la huida (aunque la mayoría de los estresores a los cuales nos enfrentamos hoy en día no son del tipo contra los que podemos pelear físicamente o huir pero que generan mayor tensión muscular de la que necesitamos). Todo esto ocurre independientemente de que sea o no realmente necesario. De permanecer la situación estresante, la tensión tenderá a aumentar con el paso de los días.

Demasiado estrés nos puede predisponer a tener una salud general deficiente, al igual que enfermedades físicas y psicológicas específicas como infección, cardiopatía o depresión. El estrés persistente o crónico está relacionado con los trastornos de ansiedad, que es una reacción normal frente a diversas situaciones de la vida, aunque cuando se presenta de manera excesiva o crónica constituye una enfermedad  y puede llevarnos a comportamientos malsanos como comer demasiado y consumir alcohol o drogas.

El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia, aunque, llevada al extremo es peligrosa y hoy en día se confunde con una patología. Esta confusión se debe a que este mecanismo de defensa puede acabar, bajo determinadas circunstancias en maneras de vivir que pueden desencadenar en problemas graves para la salud.

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Posted in Uncategorized, April 27th, 2011 | Eva Palmer

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